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lunes, 17 de mayo de 2010

Easy like a Sunday Morning

Este fin de semana hablé tan poco que el domingo, cuando junté fuerzas y salí finalmente de mi cueva, mi propia voz me resultaba extraña. Después de estar inmersa en el mundo de las plantas del jardín, me había acostumbrado al sonido transparente de las hojas y al olor de la tierra húmeda, a la poda y la renovación.
Ahora, tres tienen nombre: Emily, Jaime y Doorman. Me gusta cómo vibran las plantas cuando se sienten cuidadas. Me gusta que me regalen el sentir como propio su único espacio.

El otoño es introspección.

Me gusta la gente auténtica. Me gusta la gente que se escucha y que escucha. Me gusta la gente con frecuencia única. Me gustan mucho los signos de pregunta y el aprendizaje desde el cuerpo hacia el todos. Me gustan las personas que están vivas. Que sienten. Que se conectan, que se esfuerzan por comprender.

No entiendo los compacts con música católica, protestante o evangelista. ¿No les es suficiente con pensar en un Dios que está en todos lados, incluso cuando piensan que están solos? Eso es fanatismo. Hay muchos músicos que transmiten mucho más que un buen lavado de cerebro. Hay músicos que ni siquiera necesitaron letras para acercarnos un poco a la espiritualidad. Mozart, Beethoven, Brahms, Mendelssohn. Hay pianos, violines, guitarras, trompetas, saxos, jazz, blues, rock, reggae. Hubo un The Beatles, The Doors, Pink Floyd, Queen, Bob Marley, Radiohead. O, también, hay tipos que no cantaron, pero existieron seguro como Gandhi o Salvador Allende.